Muy mala noticia, no sólo por la pérdida de competitividad que esto puede suponer si no por la pérdida de influencia de España en el contexto de la Unión Europea:
“El Consejo de Ministros de Competitividad de la Unión Europea (UE) aprobó ayer, con el voto en contra de España e Italia, los reglamentos para el establecimiento de una patente común europea, basada en tres lenguas (inglés, francés y alemán) y que permitirá reducir drásticamente los costes de registro de las invenciones. La decisión debe ser ratificada ahora por el Parlamento Europeo.
España e Italia se oponen al proyecto, porque margina a sus respectivas lenguas nacionales, y han presentado un recurso contra el proyecto ante el Tribunal de Justicia de la UE por considerar que vulnera el derecho comunitario. Para superar el veto español e italiano, el nuevo sistema de patente europea no abarcará el conjunto de la UE, sino los 25 países que han decidido adherirse al mismo. No obstante, las empresas españolas podrán beneficiarse del mismo y de sus ventajas económicas.”
…Para J. Isern Patentes y Marcas “no hay que olvidar que hay una clarísima relación entre la competitividad de un país y la capacidad que tienen sus estructuras productivas de acceder y analizar de modo ágil y eficaz la información tecnología”.









En realidad, tiene su lógica, me temo.
En inglés tiene que estar por el mercado estadounidense y japonés.
En alemán porque la sede de la Oficina Europea de Patente está en Múnich, con sedes en Berlín y Viena (además de La Haya).
Lo que sería más discutible es que esté en francés, pero se debe más a la posición de Francia en la Unión Europea que por la importancia del idioma. (No creo que lo mismo pueda decirse del alemán, porque tiene una larga tradición jurídica de patentes.)
Hola, Pablo.
No digo que no sea lógico. Pero hay que tener en cuenta que el español es uno de los idiomas del mundo con más proyección global, ya que no sólo es lengua oficial (y materna) en Sudamérica, si no que además constituye en muchos países el idioma obligatorio que se aprende en la escuela (por ejemplo, Brasil). Para mí, es una muestra más de la debilidad española en las negociaciones dentro de la Unión Europea. Además, hará perder competitividad a las empresas españolas, que se verán obligadas a traducir sus inventos a otros idiomas, algo que ni las francesas, ni las inglesas ni las alemanas tendrán que hacer, por el coste añadido que ello determinará.